Por Javier Molero/ jmolero@eurohoops.net

El Real Madrid está afrontando un mes complicado. Sin encontrar la regularidad que invite al optimismo de cara al tramo importante de la temporada, pero con destellos que muestran que la plantilla puede funcionar, los de Scariolo tienen por delante un evento marcado en el calendario: la Copa.

En un torneo (19-22 de febrero) en el que el mínimo fallo te manda a casa y en el que cada equipo juega sus armas para llegar a la gran final, los blancos se topan de lleno con un punto de inflexión, un examen que puede cambiar la dinámica o confirmar que aún queda para llegar al sobresaliente en algunas áreas.

Antes visitarán Belgrado para medirse a Partizán (viernes 13 feb.) y harán un primer análisis a Unicaja (domingo 15 en Málaga) como antesala a la primera ronda de Copa frente a los de Ibon Navarro. Dos duelos de altura, una doble cita perfecta para encarar el clásico torneo de febrero.

La confianza de levantar un título

Siempre se ha dicho que la Copa “no es un título importante” para aquellos que tienen puesta su mirada en trofeos a final de temporada. Que los equipos “pequeños” tienen mucho más que ganar que perder, y al contrario con los supuestos favoritos.

Pero esta Copa va más allá. Con cada conjunto ‘enfrentándose a sus demonios personales’, el Real Madrid tiene la oportunidad de dar un golpe en la mesa. Con la baja prácticamente confirmada de Maledon, la intermitencia de Gaby Deck y las dudas aún en los ataques más allá de parciales que dinamiten partidos, los de Scariolo están en el escenario perfecto para cambiar.

Tres partidos en cuatro días. Una exigencia física solo al alcance de los mejores, de los engranajes bien entrenados y preparados. En el Roig Arena, “casa” de uno de los grandes rivales en el campeonato nacional y la Euroliga, con la posibilidad de un para nada camino fácil formado hipotéticamente por Unicaja, quizá Valencia Basket en semifinales y el Barça en la final, levantar el título puede ser más importante de lo que parece.

Durante varias semanas consecutivas, encadenando buenas actuaciones, el Real Madrid ha gritado al mundo que están ahí, que nadie puede olvidarse de ellos. Pero, como siempre pasa con los clubes tan exigentes, cualquier tropiezo te devuelve al punto de partida.

En un calendario tan apretado, donde no hay tiempo para pensar (solo en el pasado si se ha hecho mal) y se es injusto con el presente, tomar perspectiva levantando la Copa puede ser el punto de inflexión que necesita el Real Madrid para confirmar que el nuevo proyecto, de la directiva hasta la pista, empieza con buen pie.

Porque los blancos, que piensan en el largo plazo en varios aspectos, y con el ojo puesto en la revolución del baloncesto europeo, también necesitan una dosis de cortoplacismo, de saber que las cosas se están haciendo bien. Y eso llega con algo que les ha faltado esta temporada: regularidad.

Irregularidad fuera de Madrid

Incontestables en el campeonato nacional (17-2), el margen de mejora blanco llega en la Euroliga. De los seis triunfos consecutivos en la máxima competición continental (incluyendo en ellos a Barcelona, Mónaco, Dubái…) a tres derrotas seguidas que comenzaron con el tropiezo, quizá inesperado, de París. Todas ellas, lejos del Movistar Arena, algo que encaja con lo visto hasta ahora.

Los de Scariolo están 4-9 fuera de la capital española esta temporada en Euroliga. El propio técnico italiano ha confirmado este “problema”, una especie de Dr. Jekyll & Mr. Hyde que no termina de encontrar la salida. Y en una tabla donde cada triunfo cuenta más que nunca, la regularidad tiene un alto precio.

Encontrar el punto medio donde las piezas encajen (y se ha demostrado que pueden encajar), acompañado del nivel de algunos hombres clave en las últimas semanas (Hezonja, Campazzo) y seguir con la solidez defensiva pueden crear un nuevo camino al Real Madrid.



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